Carlos Martiel hace sacrificios con su cuerpo para criticar el mundo

Un medio para descolonizar el pensamiento y denunciar las contradicciones de nuestra época.

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may. 29 2017, 6:48pm

A tan solo ocho años de haberse graduado de la Academia Nacional de Bellas Artes de San Alejandro en La Habana, el artista cubano Carlos Martiel se ha ganado un sitio en la historia del arte de su país al posicionarse como seguidor de una narrativa performática inaugurada por Ana Mendieta y consolidada por Tania Bruguera.

En 2013, Martiel fue galardonado en Venecia con el Premio Arte Laguna por su obra Prodigal Son, obteniendo el reconocimiento de la crítica internacional. Este año regresó a esa ciudad para participar en el Pabellón de Cuba con la exposición Tiempos de la intuición, en el marco de la 57 edición de la Bienal que se inauguró durante el mes de mayo.

Martiel emplea su cuerpo en acciones agresivas, que se acercan al sacrificio, como un medio para descolonizar el pensamiento y denunciar las contradicciones de nuestra época. En esta ocasión platicamos con él sobre su obra, los ideales que residen en ella y algunos puntos de encuentro entre las sociedades mexicana y cubana.

¿Cuál es la importancia de realizar ejercicios de sinceridad corporal en este marco histórico?

En la vida hay que hacer lo que uno siente de debe hacer, al precio que sea necesario. Uno tiene que ser consecuente con el momento que le ha tocado vivir. Si se tiene la posibilidad de expresarse a través del arte, ¿por qué no hacerlo?. Hay que hacerse cargo de esa responsabilidad, de otro modo llega un punto en el que te apagas por dentro. Porque esta sociedad te programa para estar en contra de ti mismo. Los artistas y los intelectuales deben repensar la realidad, si no ¿quién lo hace? ¿Los políticos? ¿La gente común que está sepultada en la cotidianidad, esclava del día a día?


Carlos Martiel. Desalojo (2014). Willets Point, Nueva York, EE.UU. Fotografía: Claudio Fuentes.

¿Cómo es la liberación que pretendes alcanzar cada vez que te desnudas frente a una audiencia?

El desnudo siempre fue y será para mí una liberación. Desnudarse es quitar filtros, jerarquías de poder, prejuicios en relación al cuerpo propio y al de otros. En un momento inicial fue la vía que tuve para aceptar mi cuerpo en una sociedad que ha estigmatizado al afrodescendiente. Contradictoriamente también es vulnerabilidad, pero a veces uno tiene que aceptar su fragilidad. Es parte de la condición humana.

Carlos Martiel. Basamento (2016). CIFO Art Space, Miami, EE.UU. Fotografía: Walter Wlodarczyk

Tu discurso ha sido ubicado en un cruce entre lo ritual, lo abyecto y lo antropológico. ¿Qué elementos de tu realidad cultural y personal te motivaron a emplear tu cuerpo como aparato político?

Comencé a trabajar con mi cuerpo porque este me permitía de una manera efectiva criticar, reflexionar, o señalar problemáticas que tienen su raíz en el hecho de ser negro. Mi trabajo no podía ser de otra manera porque nací en Cuba; porque provengo de una familia de emigrantes haitianos y jamaicanos; porque nunca tuve ningún privilegio. El performance fue la única vía que encontré para exorcizar de mi interior años de prejuicios ajenos. Las primeras obras que realicé fueron dibujos con mi propia sangre sobre superficies no convencionales. Cada vez me resultaba más difícil convencer a las enfermeras de las clínicas públicas de que me extrajeran la cantidad de sangre que necesitaba, así que me tocó darle un giro a mi trabajo y empecé a observar mi cuerpo como sujeto y objeto. Luego mi trabajo se ha ido moviendo en otras direcciones y actualmente tiene ejes centrales, como las relaciones de poder, la inmigración, o la violencia.

Carlos Martiel. Lazos de sangre (2010). La Habana, Cuba. Fotografía: Rafael Villares

Mediterráneo , la acción que presentaste para la Bienal de Venecia, pone como punto de partida la indiferencia que las potencias occidentales han mostrado frente a las muertes causadas por el éxodo africano hacia Europa. ¿En qué momento comenzó tu interés por las migraciones?¿Incluyes antecedentes históricos o nacionalistas al momento de idear estos performances?

Mi interés surgió en Cuba. Me parece absurdo que las personas no puedan viajar a donde deseen. La condición insular de un país no puede determinar tu vida. Así desarrollé mis primeras obras referentes al tema, A donde mis pies no lleguen, Isla Muerta o Sujeto. Luego, cuando uno se somete al reto que significa ser un inmigrante, no hay forma de que no trabajes con el tema. Al menos para mí.

Este mundo está muy dividido. La xenofobia forma parte de la campaña política aquí, en Estados Unidos y en Europa. Mediterráneo es una obra que ilustra a la perfección la situación actual de la inmigración africana a Europa, tantas personas muertas, tanta indiferencia… ¿Quién hace realmente algo por esos inmigrantes? ¿Quién deja de vender las armas que tienen dividida a África? ¿Quién saca de África a las multinacionales que tienen a los africanos en la miseria? La solución real no es rescatar a unos miles del mar de los cuales muchos son deportarlos.

La gente no se va de su país si tiene todas sus necesidades cubiertas: la gente se va cuando hay hambre, miseria, guerra, cuando sus derechos están siendo violados. Y todavía uno tiene que aguantar que una italiana te diga: "A Italia solo han traído una ola de delincuentes, " refiriéndose a los refugiados o quizás a mí, que era el único negro en la fila del aeropuerto. Ese es el nacionalismo y la hipocresía que nos tiene irremediablemente jodidos. Porque si vamos a hablar de delincuentes, a los primeros que tenemos que mencionar son a la sarta de bandidos y asesinos que llegaron a América desde Europa.

Carlos Martiel. Mediterráneo (2017). 57ª Bienal de Venecia, Palazzo Cavalli-Franchetti, Venecia, Italia. Fotografía: Annamaria La Mastra. Cortesía: Rossmut galleria d'arte contemporanea

Carlos Martiel. Mediterráneo (2017). 57ª Bienal de Venecia, Palazzo Cavalli-Franchetti. Venecia, Italia. Fotografía: Annamaria La Mastra. Cortesía: Rossmut galleria d'arte contemporanea

Desde la sangre que donó un inmigrante para tu obra Simiente hasta los alimentos que una trabajadora cocinó para Basamento , las vidas y eventos de la población mexicana están presentes en tu trabajo. ¿Qué papel representa nuestro país para ti a nivel personal y profesional?

Guardo recuerdos memorables de México, de su gente, de los que conocí durante mis viajes y a los que he conocido en los Estados Unidos. Por desgracia he estado físicamente solo dos veces, aunque mi trabajo si se ha mostrado en más ocasiones. Realmente espero tener el privilegio de regresar a ese país a trabajar.

Carlos Martiel. Simiente (2014). Defibrillator Gallery, Chicago, EE.UU. Fotografía: Nabeela Vega

El año pasado realizaste en la Avenida Alcalde de Guadalajara el performance Aparecido . Tomando en cuenta que concibes a tus acciones públicas como monumentos a contextos específicos, ¿qué fue lo que quisiste manifestar en ese momento?

En 2016, como parte de una residencia a corto plazo, fui invitado por el colectivo Sector Reforma a Guadalajara donde realicé Aparecido, un performance que tuvo lugar en el centro histórico de Guadalajara. La obra consistía en caminar desnudo desde la Catedral Metropolitana al Palacio de Gobierno de la ciudad con mi cuerpo cubierto de cenizas de ropa donada por familiares de personas desaparecidas. Esta obra está basada en mi investigación sobre la desaparición forzada en México, problemática que está vinculada a la situación social del país pero también al Gobierno.

Carlos Martiel. Aparecido (2016). Guadalajara, México. Fotografía: Alejandro Fournier, Javier Cárdenas Tavizon

Carlos Martiel. Aparecido (2016). Guadalajara, México. Fotografía: Alejandro Fournier, Javier Cárdenas Tavizon

Anteriormente has hablado sobre la "conspiración global" que existe para suprimir el legado y corporeidad de la diáspora africana. ¿Qué hacen las sociedades de México y Cuba para perpetuar el racismo hacia los afrodescendientes?

Estamos hablando de sociedades completamente diferentes, cultural, política y económicamente. Por ende el modo en que ha sustituido el racismo en ambas es diferente, aunque tienen sus puntos de conexiones. En Cuba, a pesar de que el racismo está vigente en el día a día de cualquier persona negra, existe una actitud igualitaria por parte del Gobierno de pretender que no existe esta problemática, lo que considero que es un grave error. Lo que no hay forma de negar es que somos una sociedad mixta, la herencia afro está por todas partes.

Este no es el caso de México, donde no se niega el racismo, sino que se niega la existencia del negro. Es otra cara del racismo la que vemos allí. Comunidades de miles de individuos que viven al margen de la sociedad mexicana y que no son reconocidos por el Gobierno por el solo hecho de ser negro. Gente que lleva viviendo siglos en México, que sus abuelos y sus padres nacieron allí, pero eso no es suficiente para ser reconocidos como mexicanos. Si no son de México, ¿de dónde son? Gente que no tiene derecho a la educación, ni servicios de salud, que viven al margen de la pobreza. Ese es un fenómeno muy típico de las sociedades latinoamericanas: el desprecio y la negación de la cultura afro en sus tradiciones actuales, en su presente, el desprecio a toda forma de ascendencia que no sea europea u obviamente indígena.

Carlos Martiel. Caribes negros (2016). Proyecto Poporopo. Ciudad de Guatemala, Guatemala. Fotografía: Bernardo Euler Coy

Para conocer más sobre la obra, proyectos y premios del artista, visita su sitio.

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